lunes, 5 de diciembre de 2016

Ribera (1591-1652), “Maestro del dibujo” / ELOTRO






Ribera (1591-1652), “Maestro del dibujo”, en el museo del Prado hasta el 19 de febrero de 2017.

Verdaderamente una expo excepcional, sobre todo para los amantes del dibujo (aunque también se expone una única, y prodigiosa, pintura de paisaje que nos muestra la enorme calidad y versatilidad de este grandioso artista nacido valenciano y hecho para el arte en Nápoles).




Ribera fue un maestro con la pluma, la aguada, la sanguina, el grafito, el aguafuerte o el buril… cada uno de los dibujos expuestos es, además de una muestra evidente de ello, una lección magistral de técnica, composición, inventiva… puede que suene exagerado pero lo digo como lo siento y lo pienso horas después de haber visitado la expo y aún bajo los efectos del encontronazo y  la impactante impresión recibida. Choque  digo con una técnica soberbia que plasma con precisión y delicadeza todas las variantes de la representación plástica de la línea, la mancha, la luz y el volumen; impactado sobre todo por la extraordinaria y agudísima capacidad crítica e inventiva de un artista habitualmente “etiquetado” como académico y poco más que aventajado epígono de Caravaggio.









Leo en el folleto, no digo en el “exclusivo” catálogo a cincuenta euros la pieza (el "espacio" del catálogo, el brillo del papel couché, la maquetación, la tipografía... sí recoge "estratégicamente" toda la obra, aunque mediante la "selección y disposición" de los contenidos textuales y visuales consigue diluir y desactivar el componente digamos "subversivo" en una pastosa sopa ideológica absolutamente coincidente con el conservador, cuando no reaccionario, cánon académico que domina en nuestra muy tradicional y neoliberal sociedad capitalista), que trabajó sobre todo el tema religioso, pero ninguna referencia sobre los dibujos concretos que he podido admirar sobre escenas de torturas perpetradas por la Santa Inquisición, que también es Iglesia, ¿no es cierto?.

Aquí Ribera, “documentando desde el arte la barbarie”, se adelanta más de un siglo a Goya, otro gran artista documentalista de lo real, y con quien también compartió, además de las transgresiones técnicas y compositivas, la pasión por los “caprichos”, intencionadas obras tan grotescas cómo vitriólicas  para el contexto social e histórico que les tocó vivir.








En fin, una nueva ocasión de comprobar la dimensión de nuestra ignorancia sobre la historia, sobre lo “ya hecho”, ¡y de qué manera!, hace nada menos que cuatrocientos años… aprovechemos pues la ocasión de conocer, aprender, admirar y, sobre todo, disfrutar. Los parados, de momento, con papela al día, gratis. Y el catálogo, su valor de cambio, hecho para presumir de “cultureta”,  que se lo metan por donde les quepa…

ELOTRO

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