miércoles, 21 de diciembre de 2016

Otras obras, otras lecturas. / ELOTRO




Diamela Eltit es una escritora chilena nacida en 1949 que acabo de conocer gracias a uno de esos publirreportajes de la prensa propagandista  del “consumismo –de lo que sea- compulsivo” del tipo: “Los 20 mejores libros de la década”. Pues bien, rodeada por los cuatro costados de la ineludible por omnipresente “literatura basura”, aparecía seleccionada una novela de esta autora titulada según verso de Vallejo: “Jamás el fuego nunca”. Y a esa llamada no pude resistirme y acudí de inmediato.

En la Biblioteca Pública, donde la “literatura basura” tiene copado, en ocasiones por duplicado, todas las baldas y cabeceras de góndola, lamentablemente no estaba disponible la novela de Eltit con el poético título de Vallejo, pero, pero… sí otra obra de la autora  intitulada “Fuerzas especiales”, por lo visto su décima novela.




Y por ahí he comenzado a saber de Diamela y su obra. Mi acostumbrado comentario: “Como siempre he llegado tarde, pero he llegado”, empieza a parecerme bastante petulante e inapropiado, y no sólo en lo que se refiere a la afirmación de llegar “tarde”, que eso siempre está por ver, por concretar, por aquilatar y evaluar, ya que depende en cada caso de si el retardo ha acarreado o no algún desarreglo, avería o pérdida irrecuperable, digamos debido al supuesto retraso temporal, o desajuste cronológico. Y lo de “haber llegado” también es sabido que verdaderamente  sólo se puede materializar, en la mayoría de los casos, de forma parcial, limitada, imperfecta, inacabada…

El caso es que he penetrado en Diamela Eltit por su décima obra, “Fuerzas especiales” y estoy encantado de haberla conocido. La novela, de forma y fondo poco habitual, tiene 171 páginas y la he devorado con sumo gozo en una tarde. Se lee con mucha fluidez, a pesar de la gran cantidad de palabras cuyo “completo” significado escapa (salvando las distancias recordé mis lecturas de Arguedas), sobre todo en sus primeras apariciones, al lector no-chileno, y no sé si también a algunos lectores chilenos pertenecientes a las capas socioculturales más  “exquisitas”. He buscado en la red algunos significados y he encontrado que la misma palabra tiene significado distinto o incluso opuesto en Chile, Colombia, Perú…así que no sólo el lector “gallego” tropieza con ese pequeño inconveniente que, en el contexto de la novela se diluye, deja rápidamente de serlo a todos los efectos y, por el contrario, es elemento que acaba ensanchando, profundizando y enriqueciendo la prosa con un sabroso cromatismo que no dudo en calificar de  excepcional… Pero quede claro que no estoy hablando de ornamentación estética sino de músculo semántico…

La obra nos habla, con dureza y a un ritmo frenético, de unos personajes “marginales”, prostitutas, “camellos”, “informadores”, perseguidos y represaliados sindicales y políticos…  que habitan los bloques de un barrio “lumpen y marginal”, pobre y violento, desolado, embrutecedor y agresivo, de estructuras físicas y sociales atenazadoras… barrio convenientemente sitiado por la policía en horario de 24 horas los 365 días del año, con sus cotidianas redadas, controles, asaltos, allanamientos, violaciones, robo-confiscación de drogas, dinero, pequeños electrodomésticos… en fin, uno de esos barrios donde no faltan los helicópteros de vuelo circular, las estridentes sirenas, las atemorizadoras tanquetas, los desquiciados perros policía… y que curiosamente florecen con el mismo desparpajo en todas las grandes urbes de la aldea global, desde Chicago a Santiago de Chile pasando por Madrid o París… contra lo que pueda parecer a tenor de lo que vemos, o sea, de lo que despachan, en las doctrinarias pantallas de la televisión y el cine. Y de la red que nos han montado…

Pero, claro está, el mérito de Diamela no consiste sólo en hablar, digamos sin tapujos moralistas, de “lo marginal”, sino de cómo nos muestra ese mundo en su auténtico contexto social, político y cultural y en sus conexiones y vínculos con las relaciones sociales y de producción generadas por el capitalismo tardío (la incuestionable relación entre la generación de riqueza y pobreza); de cómo nos hace ver que de “marginal” sólo tiene el nombre con el que ha sido etiquetado por los codificadores asalariados del poder.

Baste de ejemplo, ya que hablamos de contexto y no de simple telón de fondo, o sea:  causas, efectos, vínculos y nexos… se nos dice que la prostituta protagonista ejerce de tal con el objetivo (se siente pero en este caso no hay indicios de vocación o vicio) de juntar pasta para poder recuperar a los hijos de su hermana arrebatados en uno de los tantos  allanamientos realizados arbitrariamente por la policía uniformada o “secreta”… y es que a la muchacha le espeluzna pensar que sus pequeños sobrinos hayan sido vendidos por las mafias de traficantes en cualquier país extranjero a una pudiente familia burguesa que no pregunta, total para qué, el origen de la mercancía que compra… y es que ella, la puta y tía de las criaturas, ejerce en un cíber del barrio-vertedero-sitiado, pero a pesar de eso algo sabe del asunto, ya que suele husmear en algunos portales de la red…
En fin, que cada uno lee (interpreta, reescribe, traduce o transcribe) a su manera, y modestamente esta es una muestra de la mía…

ELOTRO


***




Una entrevista con Diamela Eltit aquí:


Primeras páginas de la novela aquí:


***

3 comentarios:

  1. Pues has debido leer (interpretar, reescribir, traducir y transcribir) más que acertadamente porque, al menos en lo que a mí respecta, tu glosa despierta un vivo anhelo de leer a esta escritora.

    Salud

    ResponderEliminar
  2. Supongo, pues sólo he leído las primeras páginas del enlace, supongo, digo, que ese "recuento" puntual de armas que la autora introduce ritmicamente ("Había trescientas Winchester calibre 270") obedece a una razón que se irá desvelando a lo largo de la novela.

    ResponderEliminar
  3. Supongo que supones bien... pero no estoy muy seguro de lo que supones... la novela está llena, yo diría que rodeada y sitiada por todo tipo de armas... las de los agresores, las de los colaboracionistas y las de los resistentes... muy distintas entre sí... cumplen la función de la sintaxis, la articulación del relato...

    Salud.

    ResponderEliminar